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El ejército desarmado de Segovia

Editorial tras la derrota frente al Ourense

Iñaki Zaldua - 03/03/2025

Foto: Chas

Tomaré prestada una frase del célebre escritor Manuel Vázquez Montalbán, adaptándola respetuosamente al noble objetivo que persigo: la Gimnástica Segoviana, para mí, representa «El ejército desarmado de Segovia».

Que me perdonen los cientos de profesionales del ejército español que hay en Segovia, que entregan lo mejor de su profesionalidad a la defensa de todas y todos, familiares míos incluidos entre la plantilla. Pero la Sego me parece el más bello de los ejércitos. Completamente desarmado, con su uniforme grana y azul (con más o menos tendencia al celeste) portan sobre el pecho ocho arcos patrimonio de la humanidad; bajo ellos, late el corazón de todo Segovia.

La urgencia de la guerra, esa maldita competición que a través de su clasificación siempre deja un (y sólo un) ejército vencedor, quizás nos ha hecho perder a todos la perspectiva. La guerra siempre se compone de diferentes batallas, 38 en el caso que nos ocupa, que en los anales a través de los años sólo dejará en puestos de honor las más importantes, las más épicas, las más emocionantes. Sin un solo bombardeo de artillería, sin una víctima mortal, cada 7 días nuestro ejército desarmado mide sus fuerzas contra otro, en buena lid. Qué bonito dirimir las disputas sobre un tapete verde, bajo las reglas de la deportividad y el honor.

Y, de un tiempo a esta parte, sospecho que hemos perdido todos el foco, apremiados por el parte de guerra que marcan 20 posiciones ordenadas en un tablón. Quizás porque fuimos ese único vencedor de la guerra la temporada pasada, ahora con un millar de segovianos más en la grada nos hemos dejado llevar y hemos olvidado qué nos trajo al coliseo que hay en lo alto del barrio de El Carmen: disfrutar cada 15 días de un partido de ese deporte que tanto nos gusta. Hemos vivido todo tipo de batallas: hemos aplastado por 3-0 a rivales de la frontera en nuestro feudo, hemos volteado a los emisarios del Principado de Andorra en 3 minutos de éxtasis o incluso hemos conquistado el Reino de León con tremenda resiliencia. También nos han dado dolorosas cornadas, no podemos obviarlo. Pero es tan bonito juntarnos en comunidad a disfrutar de una tarde de domingo… (bueno, o viernes si a los gerifaltes federativos se les antoja).

Es aquí donde giro mi arenga al equipo. Dejad de mirar esa maldita tabla clasificatoria. Fuisteis elegidos porque sabéis de este noble arte de la guerra deportiva. Algunos sois grandes soldados defensores, otros rápidos aviones con los que bombardear el área rival de balones que más compañeros pueden convertir con la cabeza o el pie en certeros disparos al fondo de la red. Incluso los habéis con una enorme clase técnica, exploradores que encuentran los mejores huecos donde atacar al ejército rival. Liderados por un eterno capitán que abandonó enmoquetados despachos para salpicarse de barro y verdín.

Lo único que ocurre es que la situación clasificatoria os ha agarrotado. No habéis dejado de saber jugar a fútbol. Me niego a pensarlo y creo que deberíais hacer lo mismo. Hace semanas que dejé de mirar la clasificación. Mi aplicación móvil está entrando en la lista de aquellas que son susceptibles de que mi teléfono me recomiende como prescindibles. Somos uno de los 18 o 19 ejércitos perdedores de la guerra, eso no va a cambiar, no lo olvidéis. ¡Al carajo con esa tabla!

¿Descender? Que me perdonen algunos de los lectores, pero yo he visto a este club al borde de la desaparición hasta en 2 ocasiones en menos de dos décadas. Incluso he visto a una vaca defecando en el centro del estadio para recaudar fondos y evitarlo. Para mí el descenso es una posibilidad, como la de mantenerse, dentro de esta frenética guerra. Un aburrido detalle, una histérica obsesión. A mí lo que me mueven son las batallas. Porque hemos estado muchas veces al borde de no volver a disputarlas.

Esta semana visitáis a mis vecinos de origen, en las extensiones de Lezama. Olvidad las afrentas recientes: agua pasada no mueve molinos. Preparad esa contienda, volved a creer en vuestras virtudes, que no las habéis perdido. Enviad al baúl más recóndito del desván cualquier reproche, cualquier lamento. Volviendo al origen del artículo, recordad que sois el ejército desarmado de Segovia. Y que cada batalla es diferente, apasionante y digna de ser disputada y recordada.

En las últimas semanas se están descubriendo aficionados a través de nuestra Marea Gimnástica en distintos lugares del planeta. Miami, Argentina, Francia, Italia, Irlanda… almas que, junto con los residentes en la ciudad de la Octava Maravilla del Mundo, sólo quieren sentir el lunes que sus soldados se dejaron el alma en el campo, con sus ocho flamantes arcos flanqueando el pecho. Este sábado, una nueva oportunidad de ver esas camisetas azules y granas al viento, corriendo por la cancha. Compromiso y frente alta, chicos, que la única batalla que se pierde es la que se abandona.

Gracias por las alegrías con que nos habéis obsequiado. Honor por los errores que habéis reconocido. Y adelante, siempre adelante, que quedan 3 meses de apasionantes batallas. Con la grada y los exiliados como yo, en perfecta comunión con vosotros.

Y en un último ejercicio de intrusismo literario, os recuerdo: «Ya puede quedar Ronquillo a la orilla del Eresma, que la Gimnástica no se rinde, ¡la Gimnástica no se doblega!».

 

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